Indicios de cuerpos
Estas imágenes provocan zonas de contacto y de separación. Los procedimientos empleados para construirlas suponen el soporte como el lugar de una memoria, en la que el cuerpo y las formas van dejando los signos de sus desplazamientos.
Magnetismo distribuye unas cuantas marcas en el espacio. Gotas de pegamento metalizado que fueron desparramadas y encontraron el sitio de su caída por una tramoya de imanes dispuesta bajo el papel. Lo que cae son trazos negruzcos que no significan nada, pero que están ahí por la necesidad de un comienzo. Están ahí porque, por algún punto, la imagen tenía que empezar. Era necesario restringir las posibilidades compositivas, desterrar alternativas y latencias, hacer que la imagen empiece. La repartición azarosa de marcas en el plano es un procedimiento que sirve para establecer una matriz de trabajo y para escapar, al mismo tiempo, a los comienzos retóricos y las fórmulas de inicio.
Si vemos de cerca estos drippings encontramos la propia cronología de la imagen: cada gota que cae es un evento. Las inscripciones de líneas calcan la forma accidental en que la mezcla de ferrites y plasticola fue depositada sobre la hoja. Forman cápsulas orgánicas que orillan el material capturado a lo largo de sus inflexiones: se estrangulan, contornean y traslapan siguiendo las curvas de esa intrusión. Sólo están ahí para constatar la caída, para escribir la historia de esa catástrofe aluvial. Una imagen que muestra la historia de su misma formación, entre la atracción magnética y el cuerpo del origen.
Si en Magnetismo el cuerpo es esta pura transmisión de impulsos, en la serie Cuerpo es lo que hace sensible el sistema abstracto de la geometría. En este caso el comienzo de la imagen es una plantilla de dibujo. Las formas extraídas de esta herramienta fueron llevadas a otra escala a partir de medidas que la artista tomó de su propio cuerpo. De esta manera la universalidad sin medida de los íconos fue perturbada por un sistema antropométrico que los hace designar a éste cuerpo en singular.
Como en búsquedas anteriores de Carola Zech la abstracción geométrica no está para deslocalizar un territorio sino para intervenirlo. Es un dispositivo que trabaja configuraciones singulares, que reprograma en las imágenes eventos reales, con una historia y una geografía.
Algunos dibujos escriben un repertorio de figuraciones posibles del contacto. Las figuras de la plantilla fueron distribuidas con mínimas variaciones tonales y de posición. Los apilamientos, intervalos y ritmos de espaciamiento entre las formas pasan entonces a primer plano como un sistema de señales para la mirada. Lo que importa allí es estar juntos o separados, la disyunción ante el espacio en blanco o la contigüidad que pega las formas por los bordes, las vecindades y los agujeros.
En otros casos la imagen se satura por la sobreimpresión de la plantilla. El papel es nuevamente algo que queda debajo y que recibe como sucesivos estratos las marcas de su imposición. La imagen es algo que viene de arriba como una precipitación de puntos y lo que se exhibe es un registro, la acumulación de sedimentos.
En todas las imágenes el cuerpo está presente en las huellas de su contigüidad pasada: sugerido como un indicio, como una sombra, de lo que aconteció en la génesis. Son procedimientos que tienen una cierta vocación de explicarse por su origen. No por nada un mito de origen del dibujo lo vincula con una línea que circunscribió la sombra de un cuerpo.
Juan Cruz Pedroni